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Escapada a Peratallada: piedra, murallas y buena mesa en el Empordà

Calle empedrada de Peratallada flanqueada por casas medievales de piedra tallada

Su nombre lo dice todo: Peratallada viene de pedra tallada, piedra tallada. Este diminuto pueblo del Baix Empordà, en el municipio de Forallac (Girona), está literalmente esculpido en la roca sobre la que se asienta, con un foso excavado a pico que lleva mil años defendiendo uno de los conjuntos medievales mejor conservados de Cataluña.

Qué ver en Peratallada

El pueblo es pequeño y se recorre en una mañana, pero cada esquina pide pausa. Lo esencial:

  • El foso y las murallas: rodean el casco antiguo y en varios tramos se ve perfectamente el corte de la roca viva. Impresiona pensar que se excavó a mano.
  • El castillo y la Torre del Homenaje: el conjunto señorial de los Peratallada domina el pueblo desde su peña. Aunque parte es de propiedad privada, su silueta marca todo el paseo.
  • La plaça de les Voltes: la plaza porticada, con sus arcos irregulares y sus terrazas, es el corazón del pueblo y uno de los rincones más fotografiados del Empordà.
  • La Torre de les Hores y los portales de la muralla, que conservan el aire de villa cerrada medieval.
  • Sant Esteve: la iglesia románica queda extramuros, algo poco habitual, y luce un sereno campanario de espadaña.

Las callejuelas están llenas de detalles: dinteles con fechas, ventanas góticas, talleres de artesanos y patios con enredaderas. La piedra dorada del atardecer es el mejor momento del día, y aquí sí compensa llevar una cámara de fotos con la batería cargada, porque saldrás con la tarjeta llena.

Capital gastronómica del interior del Empordà

Peratallada se ha ganado fama de pueblo para comer bien. Entre sus muros conviven restaurantes de cocina ampurdanesa tradicional —platos de mar i muntanya, arroces, aves de corral, setas en temporada— con propuestas más actuales, muchos en antiguas casas de piedra con patio. No hace falta recomendar ninguno en concreto: pasea, mira pizarras y déjate llevar, que el nivel medio es alto. De postre, busca dulces artesanos y el vino de la cercana D.O. Empordà.

Un triángulo medieval de excepción

La gracia de esta escapada es que Peratallada no está solo. En un radio de diez minutos en coche tienes Pals y su casco gótico, Palau-sator, Sant Julià de Boada con su iglesita prerrománica y las ruinas ibéricas de Ullastret, el mayor yacimiento íbero de Cataluña. Y a un cuarto de hora, las calas de Begur y la playa de Pals. Para montarte la ruta a tu aire y no perderte ningún pueblo de piedra, una guía de viaje de la Costa Brava con mapas te será más útil que mil listas de internet sin cobertura, que en estos pueblos a veces falla.

Consejos prácticos

  • El casco antiguo es peatonal: aparca en los estacionamientos señalizados de la entrada del pueblo.
  • Ven entre semana o a primera hora si viajas en verano; los fines de semana se llena de excursionistas de día.
  • El suelo es de piedra irregular: calzado cómodo y olvídate de tacones.
  • A comienzos de octubre el pueblo suele celebrar una concurrida fiesta medieval con mercado y espectáculos.

Peratallada demuestra que no hace falta un gran monumento para hacer un gran viaje: basta un pueblo pequeño, mil años de piedra y una buena mesa esperando al final del paseo. Ven con hambre y sin reloj.

Foto: Josep Renalias · CC BY-SA 3.0 · Wikimedia Commons