Hay viajes que se miden en kilómetros y otros que se miden en horas de hamaca. Kerala, en el extremo suroeste de la India, pertenece al segundo grupo: una franja verde entre el mar de Arabia y las montañas de los Ghats Occidentales donde el plan consiste en dejarse llevar por canales de agua dulce, subir a las plantaciones de té y comer con la mano sobre una hoja de plátano. Te proponemos una ruta de una semana larga que resume lo mejor del estado más tranquilo del subcontinente.
Fort Kochi, la puerta de entrada
Casi todas las rutas por Kerala empiezan en Kochi (Cochín), y conviene no tratarla como un simple aeropuerto. El barrio de Fort Kochi es un mosaico de siglos de comercio: iglesias portuguesas, almacenes de especias holandeses, una sinagoga en el viejo barrio judío de Mattancherry y las famosas redes de pesca chinas, esas estructuras de madera y contrapesos que los pescadores izan al atardecer en la orilla. Pasea sin rumbo entre muros descoloridos y buganvillas, entra en un taller de teatro kathakali para ver cómo se maquillan los actores durante una hora antes de actuar, y termina el día viendo cómo el sol se hunde detrás de los cargueros que entran al puerto.
Los backwaters: dormir sobre el agua
El corazón del viaje son los backwaters, una red de casi 900 kilómetros de canales, lagunas y ríos que conecta pueblos, arrozales y cocoteros. Desde Alleppey (Alappuzha) o Kumarakom se alquilan los kettuvallam, antiguas barcazas de arroz reconvertidas en casas flotantes con camarote, terraza y cocinero a bordo. La experiencia clásica es una noche navegando: comer pescado recién comprado en la orilla, ver a los niños volver del colegio en canoa y dormir con el rumor del agua.
Un consejo: si puedes, complementa la casa flotante con un paseo en canoa por los canales estrechos, donde las barcazas grandes no entran y se ve la vida real de las aldeas. Al atardecer los mosquitos hacen acto de presencia sobre el agua, así que lleva ropa de manga larga y un repelente de mosquitos tropical en la mochila de mano.
Munnar y las colinas del cardamomo
De la costa se sube a la montaña por carreteras de curvas hasta Munnar, a unos 1.600 metros, donde el paisaje cambia por completo: colinas enteras cubiertas de té recortado como si fuera césped, salpicadas de recolectoras con sacos a la espalda. Aquí se agradece un jersey por la noche y se disfruta de caminatas entre plantaciones, miradores sobre valles llenos de niebla y visitas a fábricas de té donde entenderás por qué el chai de la India sabe distinto. Alrededor, la comarca de Thekkady y los Cardamom Hills huelen literalmente a especias: cardamomo, pimienta, clavo, canela.
Muy cerca, la reserva de Periyar permite hacer safaris a pie con guía o navegar por su lago artificial buscando elefantes, gaures y ciervos sambar. No es un safari africano de fotos garantizadas, pero la caminata por la selva es fantástica; unos prismáticos compactos de viaje te salvarán más de un avistamiento lejano.
Comer en Kerala: coco, especias y hoja de plátano
La cocina keralita es una de las grandes razones para venir. Casi todo lleva coco, hojas de curry y mostaza negra, y el picante se equilibra con arroz y yogur. Apunta esto:
- Appam con ishtu: crepes esponjosos de arroz fermentado con un guiso suave de leche de coco.
- Karimeen pollichathu: pescado de los backwaters marinado y asado envuelto en hoja de plátano.
- Meen curry: curry de pescado agrio con tamarindo o kokum, el plato del día a día en la costa.
- Sadhya: banquete vegetariano de una docena de preparaciones servido sobre hoja de plátano, se come con la mano derecha.
- Puttu con kadala curry y vada de desayuno, con café filtrado del sur.
Kerala es, además, uno de los destinos más cómodos de la India para quien viaja en pareja o en solitario y quiere iniciarse en la comida local: hay mucha oferta vegetariana y los sabores son menos agresivos que en el norte.
Cuándo ir y consejos prácticos
La mejor temporada va del final del monzón a la primavera, cuando el paisaje sigue verde pero deja de llover a diario; los meses de pleno verano son húmedos y calurosos. Aun así, un chubasquero o un paraguas plegable compacto nunca sobra en el trópico. Otras cosas que ayudan:
- Los enchufes indios necesitan un adaptador de enchufe universal para India; los cortes de luz breves son normales en zonas rurales.
- Distancias cortas, tiempos largos: 100 kilómetros de montaña pueden ser tres horas. No metas más de tres bases en una semana.
- Bebe solo agua embotellada o filtrada y evita el hielo en puestos de calle.
- En templos se pide ropa que cubra hombros y rodillas, y descalzarse a la entrada.
- Reserva un tratamiento ayurvédico en un centro serio: Kerala es su cuna y un masaje con aceites tibios es el mejor final de ruta.
Kerala no se conquista, se deja pasar por delante desde la cubierta de una barcaza. Si te apetece una India verde, tranquila y sabrosa, esta es tu escapada: vuelve con la piel oliendo a coco y con la lista de curries pendientes ya empezada.