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Madeira a pie: levadas, picos y poncha en Funchal

Sendero de una levada entre bosque verde en la isla de Madeira

A menos de dos horas de vuelo desde la península hay una isla que parece un jardín botánico flotando en mitad del Atlántico. Madeira es verde todo el año, huele a eucalipto y a mar, y se recorre mejor caminando que en coche. Te proponemos una escapada de cuatro o cinco días para descubrir por qué la llaman la isla de la eterna primavera.

Las levadas: senderismo con manual de instrucciones

Las levadas son canales de riego construidos hace siglos para llevar el agua del norte lluvioso al sur seco. Junto a ellas discurre un camino de servicio estrecho y casi llano que hoy se ha convertido en la mejor red de senderos de Portugal. Caminas con el rumor del agua a un lado y, con frecuencia, un barranco vertical al otro.

  • Levada do Caldeirão Verde, en el parque forestal de Queimadas: túneles excavados en la roca, helechos gigantes y una cascada final que cae en un circo de piedra.
  • Levada das 25 Fontes y Risco, en Rabaçal: el paseo más fotografiado de la isla, en pleno bosque de laurisilva.
  • Vereda da Ponta de São Lourenço: el contrapunto árido, una península pelada de acantilados ocres sobre un mar azul intenso.

Varias levadas atraviesan túneles sin iluminación de cientos de metros, así que un frontal ligero de senderismo deja de ser un capricho para convertirse en material imprescindible. El suelo suele estar húmedo y resbaladizo incluso cuando no llueve: unas botas de trekking impermeables con buena suela te ahorrarán más de un susto.

Por encima de las nubes

La travesía entre el Pico do Arieiro y el Pico Ruivo, los dos techos de la isla, es una de esas caminatas que se recuerdan años. El sendero recorre crestas volcánicas, escaleras talladas y túneles, casi siempre con un mar de nubes a tus pies. Es exigente, con desniveles continuos, y conviene salir muy temprano: al amanecer el cielo se tiñe de naranja y todavía no hay cola en los pasos estrechos.

Si prefieres algo más tranquilo, el mirador do Cabo Girão tiene una plataforma de cristal sobre uno de los acantilados más altos de Europa, y desde Eira do Serrado se contempla de golpe el valle escondido de Curral das Freiras.

Funchal y el sabor de la isla

La capital es pequeña, colorida y muy caminable. Piérdete por la Zona Velha, con sus puertas pintadas por artistas locales, entra en el Mercado dos Lavradores a ver las anonas, los maracuyás de mil formas y el pescado espada negro, y sube en teleférico a Monte para bajar, si te atreves, en los famosos cestos de mimbre guiados por dos carreiros.

En la mesa, apunta:

  • Espetada de ternera en brocheta de laurel, asada a la brasa.
  • Bolo do caco, un pan plano untado con mantequilla de ajo que acompaña a todo.
  • Espada com banana, la combinación que mejor define la isla.
  • Poncha, el aguardiente de caña con miel y limón que se remueve con un palo de madera llamado mexelote.
  • Vino de Madeira, fortificado y envejecido al calor; hay bodegas históricas en el centro donde catarlo.

Rincones que merecen el desvío

El norte es más salvaje y más húmedo. En Porto Moniz se bañan las piscinas naturales formadas por la lava; en Santana quedan las casitas triangulares de tejado de paja; y el bosque de Fanal, con sus tiles centenarios retorcidos entre la niebla, parece un decorado de cuento. Hacia el oeste, Ponta do Sol y Paul do Mar ofrecen atardeceres largos y pueblos encajados entre el acantilado y el agua.

Y si viajas con tiempo, el ferry hasta Porto Santo te deja en una playa dorada de nueve kilómetros que es justo lo contrario de Madeira: plana, seca y tranquila.

Consejos prácticos

  • Cuándo ir: el otoño es una época estupenda, con temperaturas suaves, menos gente que en verano y el mar todavía templado. El clima cambia en pocos kilómetros: puede llover en el norte y lucir el sol en Funchal.
  • Cómo moverse: alquilar coche da mucha libertad, pero prepárate para carreteras estrechas y cuestas muy pronunciadas. Los autobuses conectan bien la costa sur.
  • Qué llevar: ropa por capas, porque en el Arieiro hace frío al amanecer aunque en la costa haya 24 grados. Un chubasquero ligero plegable y una mochila de senderismo de 25 litros cubren casi cualquier ruta de un día.
  • Seguridad: respeta los senderos cerrados por desprendimientos y consulta el estado de las rutas antes de salir; algunas requieren reserva o entrada.

Madeira se disfruta sin prisa: una caminata por la mañana, un baño en una piscina de lava al mediodía y una poncha al caer el sol. Si te gusta la montaña pero no quieres renunciar al Atlántico, esta isla tiene tu nombre escrito. ¿Preparas las botas?