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Mi viaje a Mallorca en familia

Mi viaje a Mallorca en familia

Para una mujer acostumbrada a viajar sola, con todo lo que eso implica (independencia, libertad, manejo personal del tiempo, etc.), un viaje a Mallorca en familia es todo un desafío, sobre todo, si tu familia está formada por más de 25 personas, de todas las edades y de todos los carácteres. Por eso, cuando mi madre me dijo que esta Navidad toda la familia por parte de mi padre viajaría junta a esta isla a pasar el año Nuevo fuera de casa, mi primera respuesta fue un no. Después de haber pasado 7 meses este año viajando en solitario, una escapada familiar de ese tipo era para mí algo impensable que creía no sería capaz de manejar.

Afortunadamente, cambie de idea en el último momento y compré mis boletos de avión. Me quedaría en la casa de mi prima mayor (a la que todos íbamos a visitar) y estaría en Mallorca solo unos días; un tiempo seguro. Creo que para muchos imaginar un viaje de más de 25 personas juntas es algo difícil de manejar, sobre todo si esas 25 personas son familia, con todo lo que eso implica. Aún así, no es el primero que hago con esta compañía. Habíamos viajado así ya un par de veces, pero en todas esas ocasiones yo era menor de edad.

Mallorca fue toda una sorpresa. A veces no puedo evitar reprocharme por qué me voy tan lejos cuando aquí, tan cerca de mí, hay lugares extraordinarios que merecen por sí mismos ir a visitarlos. Mallorca es una isla muy bonita, sus pequeños pueblos tienen aún el encanto de la pesca, de las redes, de los mercados y sus señoras, de sus casa de piedra y sus callejas estrechas, de sus quesos y sus embutidos. De sus patios, sus puertas amplias de madera, sus empedrados, sus terrazas en las que hasta en diciembre pega el sol. Tiene el encanto de su comida y sus pequeñas calas, de los colores turquesa en algunas de sus aguas. Tiene un mar de medusas en sus orillas y pequeñas construcciones de madera descascarillada para guardar los botes de pesca, tiene olor a mar, a pescado fresco, aire limpio.

Mallorca en familia

Mallorca tiene encanto. Para movernos por la isla, cada una de las familias decidimos alquilar un coche, probablemente la mejor manera que llegar a la mayoría de las calas y los pequeños rincones mágicos que ofrece la isla, sobre todo, si como yo, vas a estar pocos días y quieres aprovechar al máximo todo lo que Mallorca tiene que ofrecer. Uno de los destinos que no te puedes perder es Valdemossa, uno de los pueblos con encanto que podrás encontrar a lo largo de la isla. Pero como a mí lo que más me gusta es el mar, el día que llegué decidimos ir primero a conocer el pequeño pueblito de Santanyí, donde para nuestra suerte, había mercado y pudimos ver y hasta probar algunos de los productos locales, algunas de las artesanías e incluso estas telas típicas tan presentes en muchos de los hogares mallorquines.

Mallorca en familia

Tras una corta visita a Santanyí, emprendimos camino hacia la escondida cala des Moro (del Moro), una hermosa piscina natural de aguas claras de color turquesa y arena blanca en donde a pesar de ser diciembre, los más valientes decidimos bañarnos. El agua estaba fría, pero no demasiado. Como Asturias en verano. Ahora estaba vacía, pero en temporada alta no debe de caber ni un alfiler, pues para muchos es la playa más bonita de toda la isla. Para llegar desde la ciudad, hay que coger la carretera en dirección Llombards.

Mallorca en familia

Otra de las calas a las que fuimos, fue la cala Llombard hermosa, pero inundada de medusas a más no poder. La cala está rodeada por un pinar y la roca viva la enmarca. En las laderas que bajan hasta la orilla se pueden ver algunas pequeñas casas de los más afortunados, la mayoría de ellos, probablemente alemanes. Por que sí, Mallorca es una isla tomada por todos aquellos alemanes que deciden hacer de ella su destino de vacaciones o hasta su lugar de retiro, al punto de que es fácil encontrar informaciones en inglés o escuchar hablar más alemán que español o mallorquín a tu alrededor.

Mallorca en familia
Creo que nunca había visto tantas medusas juntas. De haberlas visto antes creo que no me hubiese atrevido siquiera a bañarme en la cala des Moros, por suerte a ninguno nos picó ninguna.

Otro de los lugares que más me gustó de la isla fue cala Figuera, un pequeño pueblito con una entrada de mar donde se pueden ver los barcos amarrados, esperando hasta la próxima salida, el pescado fresco recién llegado o a los pescadores remendando las redes para las próximas capturas. Es fascinante ver a los hombres sentados en el suelo, con su caja de herramientas, los útiles en la mano y buena conversación mientras pacientemente arreglan las enormes redes, nudo por nudo, metro a metro.

Mallorca en familia

Lo cierto es que Mallorca está llena de pequeñas calas, de grandes regalos. Algunas más a la mano, otras esperando detrás de colinas que te hacen sudar, que te desesperan mientras te preguntas si estás en el lugar correcto. Que te hacen discutir con el resto de la familia mientras unos dicen que es por allá y los otros que por aquí. Es un lugar para ir sin prisas, con calma, con el tanque lleno de gasolina y algo de pan con queso para poder perderse en todos sus lugares recónditos en los que disfrutar de las tradiciones que aún guardan sus gentes, sus paisajes y ese aire puro que te entra por los pulmones.

Mallorca en familia

ANDREA BERGARECHE Es la autora del blog de viajes Lápiz Nómada. Viaja sola y quiere animarte a que tú también te animes. Además, escribe, dibuja y tatúa en el camino. Encuéntrala también en Facebook, Twitter, Pinterest, Instagram y Google+.