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Ricote, el pueblo que guarda la última huella morisca de Murcia

Vista panorámica de Ricote rodeado de huertos de limoneros y palmeras, con las sierras áridas del Valle de Ricote al fondo

Hay un rincón de la Región de Murcia donde el río Segura se estrecha entre sierras peladas y, de pronto, estalla un vergel de limoneros, palmeras y huertos escalonados: es el Valle de Ricote. Y en su corazón, apartado del río y abrazado por montañas, está el pueblo que le da nombre. Ricote fue uno de los últimos reductos moriscos de España —sus vecinos fueron expulsados en 1613, los postreros de la Península— y esa memoria sigue impregnando sus calles, su huerta y su forma de estar en el mundo.

Un pueblo con memoria morisca

El caserío de Ricote, blanco y recogido, conserva la trama de origen andalusí: calles quebradas, huertos que se meten hasta las casas y el rumor del agua por las acequias que llevan siglos regando el valle. Entre sus edificios destacan la iglesia de San Sebastián, del siglo XVIII, y las casonas solariegas que hablan del Ricote posterior a la expulsión, como la llamada Casa Grande, ligada a la antigua encomienda de la Orden de Santiago. Pasear al atardecer, cuando la piedra se dora y huele a azahar, es la mejor manera de entender por qué este valle enamoró a viajeros y cronistas.

La huerta: limoneros, olivos y vino

Ricote vive de cara a su huerta. Los bancales de limoneros y naranjos se mezclan con olivos centenarios y con viñas de las que sale un vino de la tierra con siglos de tradición. Muchos caminos rurales recorren este mosaico y permiten ver de cerca las acequias y los sistemas de riego heredados de época andalusí.

  • Prueba el aceite de oliva local y los cítricos en temporada: son el recuerdo perfecto de la escapada.
  • La repostería de la zona, con dulces de almendra y miel, delata también la herencia morisca.
  • Los platos de cuchara y el cabrito al horno mandan en la mesa cuando llega el fresco.

Senderos entre sierras

El valle es un paraíso senderista poco masificado. Desde el pueblo salen rutas hacia las sierras que lo rodean, con subidas a collados y miradores desde los que el Valle de Ricote se despliega como un oasis encajonado entre montañas áridas: el contraste entre el verde de la huerta y el ocre de la roca es de los que se quedan grabados. Para las cuestas te agradecerás unos bastones de senderismo plegables, y como la sombra escasea en cuanto dejas la huerta, completa el equipo con una gorra con protección solar y una cantimplora térmica bien llena.

El valle entero, a un paso

La escapada gana enteros si la estiras al resto del Valle de Ricote: los pueblos ribereños del Segura, con sus norias históricas que siguen levantando agua para la huerta, los sotos del río y los miradores de la carretera del valle. Todo queda a pocos minutos en coche, así que Ricote funciona de maravilla como base tranquila desde la que explorar sin prisas.

Cuándo ir y consejos prácticos

  1. La primavera, con el azahar en flor, y el otoño, con la luz dorada sobre los bancales, son las mejores épocas; en verano madruga para caminar.
  2. Desde Murcia capital se llega en menos de una hora por la autovía y la carretera del valle, un trayecto ya de por sí panorámico.
  3. El pueblo es pequeño y tranquilo: planifica la comida con margen y déjate llevar, que aquí las prisas sobran.

Ricote no presume: susurra. Ven en pareja, camina despacio entre limoneros y sierras, y descubrirás que la última huella morisca de Murcia es también una de sus escapadas más serenas.

Foto: Gregorico · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons