Hay viajes que se recuerdan por las fotos y otros que se te quedan pegados a la piel. El norte de Etiopía es de los segundos: un altiplano verde a más de 2.000 metros donde los sacerdotes ortodoxos siguen rezando en iglesias excavadas en la roca hace ocho siglos y donde manadas de babuinos gelada pastan al borde de un precipicio infinito. Te proponemos una ruta de unos diez días por el corazón histórico del país, lejos de las multitudes.
Lalibela, las iglesias que bajan a la tierra
Es la parada imprescindible. En lugar de levantar templos hacia el cielo, los canteros de Lalibela los excavaron hacia abajo, tallando la roca volcánica hasta dejar once iglesias monolíticas unidas por túneles, trincheras y pasadizos. La imagen que verás en todos los libros es Bete Giyorgis, la iglesia de San Jorge, con su planta en forma de cruz griega perfecta vista desde arriba.
Consejos para disfrutarla de verdad:
- Entra a primera hora de la mañana, cuando los peregrinos envueltos en velos blancos rezan apoyados en los muros. La luz y el silencio no tienen precio.
- Dentro de los templos se camina descalzo (sobre alfombras), así que unos calcetines gruesos en la mochila te salvarán los pies.
- Contrata un guía local en la oficina del recinto: sin alguien que te explique los símbolos, las cruces y los santos, media visita se te escapa.
- Reserva una tarde para subir al monasterio de Asheton Maryam o a Yemrehanna Kristos, en una cueva a una hora de la ciudad.
Gondar y el lago Tana
Gondar fue capital imperial y todavía lo parece. En su recinto real, el Fasil Ghebbi, se alinean palacios y torres de piedra que parecen sacados de un cuento europeo pero son puro siglo XVII etíope. No te vayas sin ver la iglesia de Debre Berhan Selassie: su techo está cubierto de decenas de rostros de ángeles que te miran a la vez, una de las imágenes más hipnóticas del país.
A tres horas por carretera está Bahir Dar, a orillas del lago Tana, del que nace el Nilo Azul. Desde allí se sale en barca a los monasterios escondidos entre cafetales de la península de Zege, con murales de colores vivos, y se puede visitar la catarata del Nilo Azul, espectacular al final de la temporada de lluvias.
Trekking entre geladas en los montes Simien
El Parque Nacional de los Montes Simien es el gran escenario natural de la ruta: un laberinto de agujas de roca, mesetas y precipicios de mil metros que los etíopes llaman "el tablero de ajedrez de los dioses". Aquí viven especies que no existen en ningún otro lugar: el babuino gelada de melena leonina, el íbice walia y, con mucha suerte, el escurridizo lobo etíope. El techo del país, el Ras Dashen, roza los 4.550 metros.
No hace falta ser alpinista: se pueden hacer caminatas de una jornada desde los miradores de Sankaber o Geech, con desniveles suaves pero mucha altitud. Lleva capas, porque de día pica el sol y de noche baja de cero: unas botas de trekking impermeables ya rodadas y un saco de dormir ligero de montaña son la diferencia entre pasarlo bien y contar las horas. Si duermes en campamento, agradecerás también un frontal.
Comer y beber: injera, wat y ceremonia del café
La cocina etíope es una de las más originales del continente. Todo gira alrededor de la injera, una crepe esponjosa y ligeramente ácida de harina de teff que sirve de plato, cubierto y servilleta: se arranca con la mano derecha y se moja en los guisos.
- Doro wat: pollo cocinado muy lentamente con especias berbere y huevo cocido. El plato de fiesta.
- Beyaynetu: la bandeja vegetariana con montoncitos de lentejas, garbanzos, remolacha y verduras. En los días de ayuno ortodoxo es lo que come todo el mundo, y es una gloria para viajeros veganos.
- Tej: una especie de hidromiel casera que se bebe en frascos redondos.
- Café: Etiopía es su cuna. Si te invitan a una ceremonia, acepta: tostado, molido, incienso y tres rondas obligatorias.
Cuándo ir, cómo moverse y consejos prácticos
La estación de lluvias ocupa buena parte del verano boreal, así que si estás planificando ahora, apunta al otoño y al invierno: el altiplano queda verde, los cielos se despejan y las temperaturas son suaves de día. Las distancias son largas y las carreteras lentas, por lo que muchos viajeros combinan tramos en vuelo interno con trayectos por tierra y un conductor local.
- Consulta siempre las recomendaciones oficiales de viaje antes de fijar el itinerario, porque no todas las regiones del país están igual de aconsejadas.
- La altitud se nota desde el primer día: bebe mucha agua y no encadenes vuelo y caminata exigente.
- Los enchufes son de tipo europeo, pero los cortes de luz son habituales: una batería externa de 20000 mAh es oro puro.
- Vístete con respeto en iglesias y monasterios (hombros y rodillas cubiertos) y pide permiso antes de fotografiar a la gente.
- Una guía de viaje de Etiopía en papel te resolverá dudas donde no haya cobertura, que será a menudo.
Etiopía no es un destino cómodo, y ahí está justamente su encanto: exige paciencia y devuelve historias enormes. Si te apetece un viaje que te desmonte los tópicos sobre África, esta ruta es un magnífico punto de partida.