¿Alguna vez has pensado hacer una travesía polar? Una gran experiencia fue esquiar sobre la banquisa por encima del círculo polar, con el termómetro desplomándose por debajo del cero (con las dificultades que conlleva) , acampar sobre el hielo, disfrutar de atardeceres con el sol colgado sobre el horizonte, ver auroras boreales o cielos estrellados…
Estas experiencias y algunas otras cosas como espejismos, canales de rompehielos, o una sauna en una cabaña en un islote perdido en mitad del mar, está bastante más al alcance de lo que parece. El lugar: Golfo de Botnia al norte del mar Báltico. Finlandia.
La banquisa o hielo marino no es otra cosa que una capa de hielo flotante sobre la superficie de los océanos ártico y antártico. Gracias a ella es posible llegar al polo Norte en expediciones de esquí. Sin embargo, existen otras zonas de mares congelados, que nos permiten vivir una experiencia similar a la de las expediciones polares, sin sufrir las condiciones climáticas extremas. Los canales de agua que forman las crestas de presión o fracturas de la capa de hielo ártico, la amenaza de los osos polares, o la fatiga física y mental que hay vencer sumando la prolongada duración de estas expediciones, son factores que no juegan a nuestro favor. En ese caso esquiamos entre las ciudades finlandesas de Oulu y Kemi, en el mencionado Golfo de Botnia.
Tras una noche en el coche-cama de la línea que une Helsinki con Rovaniemi, nos apeamos en Oulu, a 600 kilómteros del norte de Helsinki. Era muy temprano y aprovechamos para ir a desayunar a un hotel cercano a la estación. Lo primero que nos llamó la atención al salir del hotel, fue un termómetro digital en el vestíbulo que marcaba 19º bajo cero. A mi pregunta: ¿Esa es la temperatura del exterior? la recepcionista me respondió:“of course” traducido a un: “Claro hombre, ¿Qué temperatura quieres que haga si te vas a pasar una semana esquiando sobre un mar helado?”
Tras desayunar y preparar el equipo, nos dirigimos al cercano Bosque de Ojakila. Nos pusimos el arnés, las botas polares que fijamos a los esquís todavía con bastante torpeza, enganchamos el trineo que íbamos a arrastrar a diario (llamado pulka), y comenzamos a esquiar. Sorteamos árboles y fantasmales cabañas con balancines, columpios o bancos nevados en pleno estado de hibernación, a la espera de tiempos mejores.
Pero sobre todo, intentamos no torcernos los tobillos, ya que como he dicho antes, aún estábamos algo verdes a la hora de colocar el equipo. Tras un corto recorrido, por fin llegamos a la primera gran sensación del viaje, el momento en el que se abandona tierra firme para entrar a esquiar en el mar. En el horizonte pudimos ver dos islas cubiertas de verdes coníferas.
La puesta de sol.
El primer día de travesía nos sorprendió la puesta de sol en plena marcha. Un atardecer contemplado sobre el propio mar. En estas latitudes, el sol no cae verticalmente sino que va dibujando una línea diagonal que va perdiendo altura paulatinamente, hasta que se queda suspendido sobre la línea del horizonte a la vez que se oculta poco a poco.
Campamento, vida y tareas. Travesía.
El primer día, a causa de la preparación del equipo, del traslado al bosque, y de la charla técnica, tardamos bastante en ponernos en marcha, de modo que tras una parada para reponer energías, buscamos pronto un lugar idóneo para acampar. Las tiendas que se utilizan se clavan al hielo con un tornillo especial para mantenerla sujeta en caso de mala climatología. Se retira la capa de nieve hasta llegar al hielo y se enrosca el tornillo a él. Los esquís y bastones se clavan de forma vertical junto a las pulkas, de modo que si de noche se produjera una tormenta y las cubriera de nieve, gracias a los esquís sabríamos dónde se encuentran.
Pero la tarea más importante en el campamento es la que tiene que ver con el hornillo. Este se enciende utilizando un depósito de combustible que no se congela, y es una pieza fundamental en una travesía de este tipo, ya que sin ellos, no podríamos generar calor para hacer confortable la tienda, ni para cocinar, ni especialmente para poder obtener agua.
A la temperatura en la que transcurren nuestras jornadas, el agua se congela y sólo podemos obtenerla fundiendo nieve. Y el agua no sólo es fundamental para beberla, también la necesitamos para cocinar pasta o sopas o para mezclar en ella polvos de bebidas isotónicas. Además, aquella que fundimos por la mañana, la trasportamos en termos, lo que nos permitió beber durante toda la jornada.
El desayuno es la comida más importante del día ( se suele decir), y aquí realmente lo era. En él vamos a darle al cuerpo las calorías que vamos a necesitar durante el día. Una manera de generar calor corporal es comiendo, así que el desayuno es una de las mejores formas para que los más frioleros se preparen para las bajas temperaturas. De modo que, comimos pan de pita con mantequilla a tutiplén, galletas… Como decía nuestro guía: “Al ártico no se viene a hacer dieta”.
Durante la marcha diaria hicimos dos o tres paradas para comer y beber. Durante la parada nos abrigamos con la parka. La otra manera de generar calor corporal es haciendo ejercicio. Mientras esquías, las varias capas de abrigo son suficiente para desenvolverse de manera cómoda, pero cuando te detienes, hay que darse prisa en abrigarse, ya que de lo contrario, el calor generado desaparece rápidamente con esas temperaturas.
Hubo momentos en nuestra travesía en las que nada rompió la monotonía. Lo único que veíamos era un inmenso horizonte de agua helada y a nuestros compañeros y sus huellas. Tuvimos que poner a prueba nuestra capacidad para aislarnos de ello o quién sabe, para disfrutar del esfuerzo y la soledad.
Pero no todo el viaje fue así, muchas cosas nos sorprenderían durante estos días...
La escarcha
Cuando amanecíamos junto a alguna pequeña isla o islote, las verdes coníferas que veíamos al atardecer mientras acampábamos, aparecían completamente blancas sin haber caído un solo copo de nieve. Aunque no la veíamos, la travesía transcurría sobre una enorme masa de agua, de modo que la condensación era extremadamente intensa. Así, no sólo los árboles y arbustos de los islotes aparecían blancos, también las cuerdas de las tiendas, las correas de los bastones, los esquís… Todo aquel que haya pasado la noche a la intemperie, amanece con una fina costra de partículas de agua helada.
Otro líquido susceptible de escarcharse y de congelarse, es nuestro propio sudor. El sudor que producimos con el esfuerzo de esquiar arrastrando la pulka y que no está protegido por la ropa, se congela. Ya sea en el pelo, o en las mismas pestañas.
Canal del rompehielos
El Golfo de Botnia es uno de los lugares de la Tierra con mayor tráfico de rompehielos. Estos buques tienen trazadas sus líneas marítimas y por ellas se desplazan rompiendo el hielo y habilitando un canal de agua en estado líquido por el que puede navegar la flota de barcos mercantes y de pasajeros que les sigue. Una vez la flota pasa, el agua liberada se va congelando, formándose cascotes de hielo que quedan atrapados, creándose un paisaje espectacular y caótico.
La noche
En estas latitudes se producen varios fenómenos impactantes durante la noche. Uno de ellos fue observar como las constelaciones que en España vemos en lo alto del cielo, aquí las teniamos de frente. Contemplar por ejemplo el Guerrero de Orión en una noche sobre el mar sin ningún tipo de contaminación lumínica y sin nada que entorpeciera la visión de la línea del horizonte, fue un espectáculo sólo comparable con las auroras boreales.
Las legendarias luces del norte salen aquí desde el mismo suelo al no haber nada que se interponga entre nosotros y ellas. Nosotros pudimos observarlas un par de noches, y aunque no fueron de una gran intensidad, el hecho de verlas sobre el mar, fue una sensación única.
Espejismos
Los espejismos son otro fenómeno singular de estas latitudes. Existen dos tipos: el primero consistió en un efecto óptico mientras mirabas al horizonte mostrando en alza el suelo y la nieve en forma de pared. En cambio el otro espejismo, se apreciaba al contemplar desde una cierta distancia un islote arbolado. Todos los árboles estaban igualados en altura, como si hubieran sido cortados de un tajo y se deformáran uniéndose en una sola figura. Si hubiera algún árbol o construcción de mayor altura que la línea de los árboles, el espejismo no se forma.
Silencio
En pocos lugares, si nos acompaña la ausencia del viento, se puede escuchar el sonido del silencio como aquí. Si nos alejábamos del campamento, por ejemplo, al amanecer mientras el resto dormía, y podíamos disfrutar de un silencio prácticamente completo. Sólo escuchábamos ruidos producidos por nosotros mismos. Cualquier pequeño ruido que suele pasar desapercibido como nuestras pisadas al alejarnos, o un leve roce de nuestra ropa, cobraba una gran resonancia en estas circunstancias.
Islotes
En el Golfo de Botnia existen multitud de islotes. En nuestra expedición hicimos noche en Krasin Leto, un minúsculo islote con una cabaña de pescadores, en la que tras varios días durmiendo y cenando en la tienda de campaña, pudimos disfrutar del calor de una chimenea.
Al día siguiente, tras la penúltima etapa y con alguna torre humeante de la ciudad de Kemi ya en el horizonte, hicimos noche en la cabaña de Arne, viejo amigo de nuestros guías, que aparte de ofrecernos unas cervezas laponas bien fresquitas, puso a nuestra disposición la sauna de su cabaña. La cual, había que disfrutarla como Dios manda: sudamos a conciencia en el interior eliminando toxinas, se abrió la puerta y… ¡A rebozarse en la nieve!
En estos islotes algo más grandes, adentrarse a dar un paseo en sus pequeños bosques de ramas blancas y desnudas, es adentrarse en un mundo mágico y fantasmal.
Y final
El último día madrugamos porque el ajustado horario tenía que permitirnos llegar a Kemi, recoger el material, ir a un estupendo complejo en el que hemos pasado tantos días, visitar el hotel de hielo, comer, y llegar a tiempo a la estación para tomar el tren de regreso a Helsinki.
Gracias al madrugón vimos los increíbles amaneceres de colores amarillos, naranjas, rojizos y violáceos sobre el mar. El frío de las horas tempranas hizo que nuestro sudor se congelara casi al instante.
La llegada a Kemi, trajo consigo esa emoción que se produjo cuando por fin se acercó un objetivo que tan lejos quedaba al inicio, ese momento en el que tanto pensé durante la ruta.
Tras llegar todos al destino, hubo el emocionante abrazo, la foto de grupo, las actividades lúdicas mientras pensábamos en otros viajes y supimos que esta experiencia había sido inolvidables, no sólo por haber vivido un viaje único, si no por haber sido la primera vez...