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Un fin de semana en Ujué, la atalaya medieval de Navarra

Panorámica de Ujué en lo alto de su cerro, con la iglesia-fortaleza de Santa María dominando el caserío

Hay pueblos que se visitan y pueblos que se conquistan, y Ujué pertenece al segundo grupo. Encaramado a un cerro a más de 800 metros, en la Zona Media de Navarra, este pueblecito de piedra dorada fue durante siglos una atalaya defensiva entre la montaña y la Ribera. Hoy sus calles empinadas, su iglesia-fortaleza y su fama gastronómica lo convierten en una de las escapadas más sorprendentes de la comunidad foral.

Santa María de Ujué, iglesia y castillo

Todo en Ujué gira en torno al santuario-fortaleza de Santa María, que corona el pueblo como un castillo. El templo combina una cabecera románica del siglo XI con naves góticas, y está abrazado por torres y pasos de ronda almenados que delatan su pasado militar: aquí lo mismo se rezaba que se vigilaba la frontera. En su interior se venera a la Virgen de Ujué, una talla románica forrada de plata, y se conserva, según la tradición, el corazón del rey Carlos II de Navarra. Sube al paseo de ronda si está accesible: las vistas justifican por sí solas el viaje.

Un mirador entre la Ribera y el Pirineo

Desde los miradores del pueblo, en los días claros la mirada salta de los campos de cereal y viñedo de la Ribera hasta las cumbres del Pirineo, con la sierra de Ugarra y las Bardenas insinuándose al sur. Los atardeceres aquí son un espectáculo serio. El casco urbano, declarado conjunto histórico, es un laberinto de callejas empedradas, arcos y casas con dinteles tallados que pide callejear sin rumbo. Ojo con el calzado: las cuestas son constantes y el empedrado, irregular; si vas a completar la visita con algún sendero, unos bastones de trekking hacen las bajadas mucho más amables.

Migas, almendras y buen pan

Ujué es sinónimo de migas de pastor, el plato humilde y glorioso que aquí bordan: pan, grasa, ajo y uvas, cocinado a fuego lento como se ha hecho toda la vida. Los asadores del pueblo las sirven como entrada de menús contundentes con cordero y caza. Y de postre, imposible resistirse a las almendras garrapiñadas, la otra gran especialidad local, que se venden recién hechas en los obradores del pueblo y son el recuerdo perfecto para llevar a casa.

Rutas y romería

El entorno invita a caminar: sendas balizadas recorren los cerros de la sierra de Ujué entre cereal, boj y antiguas corralizas, con el santuario siempre como faro. A finales de abril o principios de mayo, miles de romeros llegan a pie desde Tafalla y otros pueblos de la comarca en la romería de Ujué, muchos de ellos vestidos con túnicas negras: una tradición sobrecogedora con siglos de historia. Para explorar la comarca con criterio y enlazar Ujué con Olite o la Laguna de Pitillas, una guía de Navarra actualizada es una buena inversión. Y no olvides una cantimplora de acero inoxidable: en el cerro sopla el cierzo, pero el sol de la Zona Media deshidrata más de lo que parece.

Cómo llegar

Ujué está a unos 50 minutos de Pamplona y a 20 de Tafalla, por carreteras rurales que serpentean entre campos de cereal. Conviene aparcar a la entrada del pueblo y subir a pie: es parte del encanto.

Pequeño, recio y auténtico, Ujué es la Navarra que no sale en todas las postales. Ven a conquistar su cerro, que la recompensa —en vistas y en migas— está garantizada.

Foto: Viajar sin imprevistos · CC BY 4.0 · Wikimedia Commons