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Albania en otoño: Berat, Gjirokastra y la Riviera

Casas blancas escalonadas de Berat, en Albania, al atardecer

Hay un país en el Mediterráneo donde todavía puedes bañarte en calas turquesas casi vacías en octubre, comer pescado fresco por el precio de un menú del día y dormir bajo montañas de tres mil metros. Se llama Albania, está a menos de tres horas de vuelo y el otoño es, probablemente, su mejor momento: sin el gentío del verano, con el mar aún templado y los bosques del interior tiñéndose de ocre. Te proponemos una ruta de una semana larga que combina piedra otomana, costa jónica y Alpes.

Berat y Gjirokastra, las ciudades de piedra

Berat es conocida como la ciudad de las mil ventanas y basta con verla al atardecer para entenderlo: las casas blancas trepan por la ladera apiladas unas sobre otras, con sus ventanales orientados al río Osum. Sube al castillo, que no es un museo vacío sino un barrio habitado, con iglesias bizantinas, gatos al sol y familias tendiendo la ropa entre murallas.

Más al sur, Gjirokastra juega en otra liga: tejados de lajas grises, casas-torre fortificadas del siglo XVIII y un bazar empedrado que en otoño huele a castañas. Ambas ciudades están reconocidas por la Unesco y ambas se recorren a pie, aunque con cuestas serias. Hazte un favor y llévate zapatillas de trekking ligeras: los adoquines pulidos de Gjirokastra resbalan lo suyo cuando cae la lluvia de otoño.

La Riviera albanesa, el Jónico sin multitudes

La carretera que baja del paso de Llogara hacia el mar es uno de esos tramos que justifican alquilar coche: pinares de montaña, curvas cerradas y, de pronto, el azul intenso del Jónico abriéndose abajo. A partir de ahí se suceden pueblos y calas que en septiembre y octubre recuperan la calma:

  • Dhërmi y Jala, playas de guijarros blancos y agua transparente al pie de la montaña.
  • Himara, con su castillo viejo en lo alto y tabernas familiares junto al puerto.
  • Ksamil, islotes a nado frente a Corfú, muchísimo más agradable fuera de temporada alta.
  • Butrint, ruinas griegas y romanas entre lagunas y eucaliptos, ideal para una mañana entera.

El agua sigue templada hasta bien entrado octubre, así que no guardes todavía el bañador. Como muchas playas son de canto rodado y sin duchas, una toalla de microfibra de viaje y unos escarpines te harán el día mucho más cómodo.

Los Alpes albaneses: Theth y Valbona

Si te sobran tres o cuatro días, sube al norte. La travesía entre Theth y Valbona es la caminata más famosa del país: unas seis o siete horas de subida al paso y bajada al valle, con hayedos encendidos en otoño y casas-torre de piedra al final del camino. Se puede hacer en sentido inverso y combinar con el ferry que cruza el lago de Koman, un fiordo artificial encajonado entre paredes verticales que parece Noruega trasplantada a los Balcanes.

Es montaña de verdad: la niebla entra rápido y las noches ya son frías. Un chubasquero impermeable plegable en la mochila no ocupa nada y te salva la jornada. Ten en cuenta que a partir del final del otoño muchos alojamientos de Theth cierran y la carretera puede complicarse.

Qué comer: byrek, ferges y mucho horno de leña

La cocina albanesa mezcla herencia otomana, italiana y balcánica, y es generosa hasta el exceso. Apunta:

  • Byrek: hojaldre relleno de queso, espinacas o carne, el desayuno nacional.
  • Fërgesë: cazuela de pimientos, tomate y queso fresco que se come con pan.
  • Tavë kosi: cordero al horno con yogur y huevo, plato estrella de Elbasan.
  • Pescado y marisco en la costa, y truchas de río en el norte.
  • Raki casero de uva o de ciruela, que te ofrecerán quieras o no.

Los mercados de otoño son una fiesta: higos, granadas, uva, nueces y aceite de oliva de la zona de Vlora.

Consejos prácticos

  • Moneda: el lek. Lleva efectivo, porque fuera de las ciudades no todo se paga con tarjeta.
  • Enchufes: los mismos que en España, así que te ahorras el adaptador.
  • Transporte: los furgon (microbuses) conectan casi todo, pero sin horarios rígidos. Alquilar coche da mucha libertad; conduce con calma, hay baches y curvas.
  • Idioma: el albanés no se parece a nada, aunque mucha gente joven habla inglés y bastantes adultos, italiano. Una guía de viaje de Albania con mapas te resolverá los pueblos donde la cobertura falla.
  • Presupuesto: es de los destinos más económicos de Europa; con poco dinero se come y se duerme muy bien.

Albania está cambiando deprisa, así que este otoño es un buen momento para verla antes de que se llene del todo. Prepara la mochila, baja el paso de Llogara con las ventanillas abiertas y déjate invitar a un raki: volverás contando que fue el viaje más barato y más sorprendente del año.