Hay que ganarse Siurana: la carretera trepa en curvas desde Cornudella de Montsant hasta un peñasco calizo suspendido sobre un embalse turquesa. Arriba, una aldea de piedra de apenas un puñado de casas que fue el último reducto sarraceno de Cataluña y que hoy es lugar de peregrinación para escaladores de todo el mundo. Estamos en el Priorat, provincia de Tarragona, y esta es una de las escapadas más espectaculares del sur catalán.
Una aldea con leyenda
Siurana resistió como enclave musulmán hasta bien entrado el siglo XII, décadas después de la caída de Lleida y Tortosa. De su castillo quedan ruinas asomadas al precipicio y, sobre todo, una leyenda que aquí cuenta todo el mundo: la de la reina mora Abdelazia, que antes de rendirse espoleó a su caballo hacia el abismo; en una roca cercana al borde te enseñarán la supuesta huella de la herradura del salt de la reina mora. Junto a las ruinas, la iglesia románica de Santa Maria conserva una portada esculpida con arquivoltas y capiteles que justifica por sí sola la subida.
Miradores para quitarse el sombrero
El pueblo entero es un balcón. Desde el borde del risco, la vista abarca el embalse de Siurana encajado entre paredes, la sierra de Montsant y un mar de montañas del Priorat. Recorre el caserío hasta el extremo del promontorio y busca los distintos miradores: al atardecer, cuando la caliza se enciende de naranja, entenderás por qué tantos pintores y fotógrafos suben hasta aquí.
La meca de la escalada
Las paredes que rodean Siurana están consideradas de las mejores escuelas de escalada deportiva del planeta, con cientos de vías que atraen a escaladores de élite, especialmente en otoño e invierno. No hace falta colgarse de la roca para disfrutarlo: verlos progresar por los desplomes desde los senderos es un espectáculo. Si lo tuyo es caminar, hay rutas señalizadas que bajan al embalse o recorren el cañón del río Siurana; el terreno es rocoso y con fuertes pendientes, así que unas zapatillas de trekking con buena suela son casi obligatorias. Mete en una mochila de día agua de sobra, porque en el pueblo los servicios son mínimos, y no olvides gafas de sol polarizadas: la luz rebotando en la caliza y en el agua del pantano es cegadora.
Priorat en la copa y en el plato
Bajando de nuevo a Cornudella de Montsant entras en tierra de vinos serios: las denominaciones Priorat y Montsant elaboran algunos de los tintos más reconocidos de España en laderas de pizarra (la famosa llicorella). Muchas bodegas de los pueblos cercanos —Porrera, Poboleda, Escaladei— ofrecen visitas con cata. Completa el día con la cartuja de Escaladei, cuna histórica del vino del Priorat, y con la cocina de montaña de la comarca: aceite, almendras, avellanas y guisos contundentes.
Consejos prácticos
- La carretera final es estrecha y el aparcamiento, limitado: llega temprano, sobre todo en fines de semana y puentes.
- No hay gasolineras ni apenas tiendas en la aldea; sube abastecido.
- Extrema la precaución con niños cerca de los cortados: no hay barandillas en muchos puntos.
- Primavera y otoño son las mejores épocas; en verano aprieta el calor a mediodía.
Siurana es pequeña, vertical y absolutamente inolvidable. Sube despacio, asómate al vacío con respeto y brinda después con un tinto del Priorat: pocas escapadas caben tan grandes en tan pocos metros cuadrados.
Foto: Malopez 21 · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons